He tenido una conversación con el Diablo. Si. De repente pensarás que estoy loca, que se me ha ido la olla y, seguramente no te faltará razón, porque yo en tu lugar pensaría lo mismo que tu, aunque te puedo asegurar, tanto si lo crees como si no, que su visita existió. Y sinceramente ya no tiene vuelta que darle de hoja.

Te desvelo que el diablo y -pese a que puedas pensar lo contrario- no se la juega con nosotros, ni juega a ser más listo que los pobres mortales. Su juego lo delimitamos aquellos que le permitimos su entrada . Él simplemente sabe adentrarse en el juego si le abrimos la puerta, es entonces, y solo en ese preciso instante de confianza por nuestra parte, cuando nos regala amablemente su única baraja. Después, nosotros, ya seremos los encargados de barajar y repartir todas las cartas, dar comienzo al juego y ponerle el punto y final a la partida, eso siempre que no sea demasiado tarde para salir irremediablemente malparados de la misma.

Quiero que sepas - para que no te adelantes a los acontecimientos- que no pretendo con esta explicación excusarle de sus actos. Vaya por delante que soy agnóstica incluso con el diablo, y además él lo sabe, pero me dejó tantos mensajes durante la conversación que mantuve con él, que no tengo suficiente fuerza como para acarrearlos todos yo solita. Por eso quiero que compartas conmigo este sobrepeso "diabólico" que a duras penas me ha dejado un pelín exhausta y un mucho escandalizada -hablando siempre en el plano sorpresivo que me transmitió la revelación de sus palabras-.

Entre otras muchas cosas me comentaba que guardaba total fidelidad hacia su amo "el Dios de los mortales". Es sabedor de su propia existencia gracias a ese ser supremo que todos conocemos como el Creador.

Yo le pregunté "por qué demonios" ( con perdón ) Dios le había creado para entorpecernos la vida haciéndonos a todos más desgraciados. Y él con el mismo gesto paternalista de un buen padre al explicarle las cosas de la vida a su pequeño hijo (en este caso hija) me contestó sin dubitaciones; Si no fuese por mi, el ser humano no sobreviviría en este mundo que vosotros conoceis. Os acechan mil y un peligros a cada paso que dais por el paseo de la vida . Y aún siendo vosotros mismos los verdaderos conocedores de mi presencia, seguís tropezando torpemente una y otra vez en los mismos sitios, en idénticos lugares por donde yo suelo dejar las pistas de mis trampas. Sois necios y reiterativos con vuestras acciones. Muy despistados y excesivamente poco audaces. Pero yo no tengo esa culpa. Mirad vuestras acciones por un momento y os dareis de bruces con la verdad sobre la malignidad de mi existencia.

Vosotros gozais de algo de lo que yo carezco y que os hace mucho más fuertes ante mi, pero vuestra debilidad mental, os impide percataros sobre ello . Estais dotados de dos armas muy poderosas; el "sentido común" y la "conciencia" las únicas y eficaces bombas con las que podeis destruirme para siempre, pero vosotros seguís ahí ensimismados en vuestra propia estulticia, quejándoos de la desdicha que vuestra mala suerte ejerce sobre vosotros. Pero yo os digo; en vuestras manos está el querer destruirme.

Me dió un gélido beso en la frente que, curiosamente, no me provocó sensación alguna de miedo, y dándole un giro a su larga capa, desapareció como por arte de mágia tal y como había aparecido ante mi.
En aquella tarde helada y gris de pleno invierno
tan solo quedaba de su presencia
aquel intenso aroma a azufre
que aún hoy puedo recordar.

Beatriz
 EL DIABLO